Sonido de Navidad
En una vieja caja de música, nace un nacimiento.
Una pieza irrepetible, construida con la memoria viva del paisaje: figuras de papel de periódico sin pintar ni tratar, cartón de huevera, conchas de ostra del Cantábrico, maderas de Sejos y El Sardinero, flor de cardo, pétalos de orquídea y rosa, pizarra de Las Hurdes, arenas de Rioseco y El Sardinero, concha de navaja, yesca, paniculatas, granito de Arribes del Duero, cerámica mudéjar y amatista de Brasil.
La acompaña un poema propio, escrito a mano sobre papiro egipcio:
«Cuando la nada sea tu niebla,
las sonrisas llenas te liberan...
Y pediré al cielo que su llanto vuele
y gritaré que su sollozo sea tenue...
Y rabiaré como quien alumbra un verbo
para expresar el amor de siempre.»
Cada material tiene nombre y origen. Cada figura, una historia. Y como todo lo que nace de verdad — nace todos los días.